RABO DE TERNERA A LA CORDOBESA
Este mes de febrero, el equipo de la Cocina Typical Spanish, nos propone una iniciativa la mar de original, no dejan de sorprendernos.
En esta ocasión el reto no consiste en cocinar con un ingrediente sino que, aprovechando que este mes se celebra el día de Andalucía, concretamente el 28 de febrero, elaboraremos una receta típica andaluza #ojúquerico TS.
Yo creo que esta vez nos lo habéis puesto muy fácil porque es tan variada la cocina andaluza y tan rica, que buscando para elegir mi receta, me he encontrado con un gran número de ellas que consumo habitualmente y no sabía que eran andaluzas.
Pero he elegido una que hacía tiempo que quería probar y he visto mi oportunidad. Hace unos años viajé a Córdoba, ciudad maravillosa, y descubrí dos platos que me enamoraron: el salmorejo y el rabo de toro. ¡Qué descubrimiento!, ¡qué placer! El primero de ellos aprendí rápidamente a hacerlo y ya no puedo vivir sin él, forma parte de mi repertorio en verano. El segundo, no me he atrevido nunca a elaborarlo yo misma, pero lo pido en restaurantes siempre que tengo ocasión (y no lo he vuelto a probar tan rico como el que comí en Córdoba en aquel viaje).
Así que me he arriesgado y me he lanzado, ¡alguna vez había que intentarlo!.
Este mes de febrero, el equipo de la Cocina Typical Spanish, nos propone una iniciativa la mar de original, no dejan de sorprendernos.
En esta ocasión el reto no consiste en cocinar con un ingrediente sino que, aprovechando que este mes se celebra el día de Andalucía, concretamente el 28 de febrero, elaboraremos una receta típica andaluza #ojúquerico TS.
Yo creo que esta vez nos lo habéis puesto muy fácil porque es tan variada la cocina andaluza y tan rica, que buscando para elegir mi receta, me he encontrado con un gran número de ellas que consumo habitualmente y no sabía que eran andaluzas.
Pero he elegido una que hacía tiempo que quería probar y he visto mi oportunidad. Hace unos años viajé a Córdoba, ciudad maravillosa, y descubrí dos platos que me enamoraron: el salmorejo y el rabo de toro. ¡Qué descubrimiento!, ¡qué placer! El primero de ellos aprendí rápidamente a hacerlo y ya no puedo vivir sin él, forma parte de mi repertorio en verano. El segundo, no me he atrevido nunca a elaborarlo yo misma, pero lo pido en restaurantes siempre que tengo ocasión (y no lo he vuelto a probar tan rico como el que comí en Córdoba en aquel viaje).
Así que me he arriesgado y me he lanzado, ¡alguna vez había que intentarlo!.